El proceso de emisión dentro del mundo radiofónico es curioso. Como todo, su transmisión tiene principio y tiene fin. Comienza con una señal de audio, por ejemplo, las palabras de un locutor. Estas palabras pasan a través de una fibra óptica al compresor, el cual se encarga de realizar una serie de acciones para que la emisión de la señal quede lo más comprensible posible, eliminando así las diferentes distorsiones que pueda tener. Posteriormente las ondas son enviadas a un codificador que la integra en una única señal multiplex, la cual pasa al transmisor. El transmisor es el corazón del proceso, que se divide en oscilador (la radiofrecuencia, que crea la onda portadora), modulador (modulación de la onda) y excitador (una pequeña amplificación), desde donde pasa al amplificador, que va directa a la antena.
De la antena se recoge en el amplificador, que capta la emisión de la atmósfera que tenemos sintonizada. El modulador, paso siguiente, desmodula la onda, separando la señal de audio de la de radiofrecuencia, que es la que ha servido para transportar. Por último, pasa al amplificador que lo lleva hasta el altavoz, que nos permite escucharlo.

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